sábado, julio 29, 2006

Hugo Chávez y Fidel Castro en Córdoba

EL MIEDO 2
(Sobre el rol del político, hoy)

Por Javier Bonatti (javier_bonatti@yahoo.com.ar)

Por qué la diferencia?
Por qué el discurso suena tan diferente?
Por qué parece que podemos confiar en lo que dicen?
Por qué parece que no mienten?
Tan raro resulta pensar que quién nos habla no nos está engañando?

Sí. Claro que resulta raro. Rarísimo.
Cómo creer?
De dónde sacar confianza?
¿Por qué tenerla?, ¿quién se la ha ganado, acaso?

Allá por las 5 de la tarde de ese viernes 21, Rubén Patagonia pegaba el grito mapuche en el cielo: “Hoy están festejando la conquista de ayer, con mi propia bandera me robaron la fe”. El escalofrío no tardó en llegar, invadiendo cada centímetro del ser de carne que todos llevamos a cuestas.

Antes y después, artistas de muchas partes de nuestra Latinoamérica se subieron a uno de los escenarios montados en el Campo Universitario de la ciudad de Córdoba, para aportar su sentir en este cierre de una nueva reunión de la Cumbre de los Pueblos.

Las columnas comenzaron a llegar antes del mediodía, con el sol en posición vertical y el polvo que comenzaba a levantarse ante los cientos de miles de pies que lo caminarían hasta casi las 11 de la noche de una jornada que sería, al menos, distinta.

A partir de las 6 de la tarde comenzó a olerse la cercanía.
Unos minutos después, Hugo Chávez y su ya reconocido feedback con el público se hicieron presentes sobre el escenario. Hay una cuestión de primordial relevancia en lo que hace a la relación Chávez – Venezuela - Latinoamérica. Hay una razón fundamental por la que encuentro una conjunción inquebrantable entre lo que es el discurso de Chávez y sus concreciones.
En realidad son dos: 1. Chávez convirtió a uno de los países con mayor analfabetismo del mundo en uno terminantemente LIBRE de analfabetos. 2. Aquellos nuevos “alfabetos”, más todos los que ya formaban parte de este grupo, mediante un exhaustivo trabajo de educación popular, aprendieron de Pe a Pa la nueva Constitución que rige sus vidas como ciudadanos. No existe conocimiento más importante que el de la ley. Solo el hombre que conoce la ley puede saber hasta donde soportar la opresión (del Estado, de la Empresa, de la Familia).


En el Campo Universitario no volaba una mosca. Los cantos o los gritos estallaban cuando desde el escenario se proponía una conversación; caso contrario, silencio de muerte, que no solo demostraba respeto sino, simplemente, ganas de escuchar y de aprender un poco (lo que rememoraba los extremadamente sinceros y “políticamente correctos” actos partidarios del cole, la cajita y el choripán).

Referencias a las invasiones estadounidenses; a las indiscriminadas matanzas propinadas hacia la población civil de Palestina y el Líbano por el Estado más asesino de los últimos tiempos; a los planes perversos de Bush para la Cuba post-castrista; al Cordobazo; a los casi 80 de Castro (para quien, “mirándolo de reojo”, auguró un mínimo de 40 años más sobre la Tierra).

Más de una hora después, con la noche sobre más de 100 mil cabezas con pelos empolvados, apareció quién se atrevió a compararse con Matusalén (por su extensa vida de 80 siglos), lo que generó en el mismo comienzo de la nueva charla, un clima más que ameno, que se extendería por más de 3 horas.

“Yo no coincido con él… pero hay que reconocerle la historia, la trayectoria…”
¿La qué?
Triste y equivocado que se piense que en Fidel Castro hay solo historia y trayectoria.
En Fidel Castro hay un político, un economista, un estudioso de la historia, la filosofía y la geografía, un señor pronto a cumplir 80 años, un revolucionario.
Qué simplista el hecho de decir: “respeto su trayectoria…”. No. Eso justamente es lo que más se puede poner en juego. Hitler tenía una gran trayectoria como político, al igual que Franco, Mussollini, Napoleón, Fernando de la Rúa…
Simplista digo, porque esa fobia “marxista-leninista-extremista” (en palabras del cubano) no hace más que tapar ojos y oídos a las clases de política y economía del Sr. Castro. Clases en las que explica cómo reducir el analfabetismo (a cero), cómo reducir el consumo energético de un país al 50%, mediante la implementación de paneles solares… y no tiene ningún problema en dar las recetas de cómo hacerlo (y justamente por eso no es un político más).


¿Qué necesidad tiene Castro de venir a la Argentina para esto? ¿Qué interés está en juego? ¿Cuál es el as que Castro tiene bajo la manga? ¿Acaso la revolución comunista en toda Latinoamérica… o mejor aún… en todo el mundo?

No sé si hay intereses.
No sé si hay ases bajo la manga.
Lo que creo que hay es necesidad. Necesidad, voluntad política y compromiso.
Castro no tiene porqué traernos las recetas de cómo hacer para sanear el analfabetismo, y sin embargo lo hace.
He aquí la pregunta en cuestión: ¿tan mal le puede hacer al país escucharlas? ¿Tan “comunistamente perverso” es el plan de Castro que no nos damos cuenta de que, detrás de eso, puede estar encubierto el “germen de la revolución”?

Volvemos al miedo, al pánico.
El terror a que el pueblo conozca.
El terror a que el germen este adentro de cada uno y que explote ante el sabernos oprimidos.

Finalmente, cerca de las 11 de la noche, el escalofrío que había comenzado con aquel grito mapuche comenzaba a perder la lucha contra el cansancio de aquel cuerpo que ya llevaba más de 8, o 9, o 10 horas parado. La invencible fue la sonrisa, que ni el desgaste ni el sueño pudieron borrar durante un largo tiempo. Todavía sonrío. Sonreímos.

miércoles, julio 26, 2006

Inundación: la no - catástrofe

Reutemann: las contradicciones del inundador

jueves, julio 06, 2006

Tomás Abraham en Santa Fe

EL MIEDO
(Sobre el rol del intelectual, hoy)


Por Javier Bonatti

¿Cuál es el rol del intelectual hoy?

Es decir…Admitiendo que la educación en el país es un privilegio (dije admitiendo, no aceptando) ¿Hay algo que deban hacer aquellos “privilegiados”? Y aquí no se trata de decir “a ver… ¿qué tipo de intelectual queremos?”. No. Aquí se trata de comprender si tienen (y asumen, claro) alguna carga extra de responsabilidad, por haber accedido, justamente, a aquello a lo que no todos pueden.

Tomás Abraham nos habla desde una posición de poder, desde la posición que otorga el poder del conocimiento. He aquí la primera decisión que debe tomar el intelectual:¿Para quién estoy hablando? Tomás Abraham sabe exactamente para quien habla. Tomás Abraham no habla para todos. Se me podría objetar con una obviedad: “Tomás Abraham estudió mucho más que ese todos al que te referis”.

Y es justamente aquí donde la decisión se transforma en una cuestión política. Aquí es donde yo decido cómo me paro frente al mundo, y, lo más importante, qué digo y para quién lo digo.

La figura del Contraopinador (quien ejerce una contraopinión, una palabra de oposición, “digamos para ser más encantadores, de “resistencia”, que no se atiene a un rol negativo sino que produce por su misma operación grietas en el muro mediático y nuevos espacios de pensamiento”), invento de Abraham, nos habla de una persona de singulares características: debe saber más de un idioma, debe tener acceso a Internet, radio, televisión y medios gráficos, debe leer Kant y Nietzsche a la mañana, y lo más importante… debe tener la voluntad de hacerlo…

No es la idea de Abraham que todos “contraopinemos”. Esto está claro y fuera de ningún tipo de discusión. Su idea no es la de un pueblo que pueda defenderse de los mensajes perversos de los Medios Masivos de Comunicación o del Gobierno… No, el único que puede defenderse es quien sabe 2 idiomas, quien lee a Kant, quién tiene la voluntad…La pregunta que rebota en mi cabeza es: ¿tiene Abraham la voluntad de que todos lean a Kant?

He aquí la pregunta que se transforma en el nudo de la cuestión: ¿nacemos con la voluntad de criticar? Claro que no, eso es lo que permite la educación…esa inquietud, ese malestar constante, ese saber y sentir que lo que nos pasa no es natural, sino que es una construcción social que tenemos el poder de cambiar cuando queramos… cuando, como pueblo, tengamos la voluntad…Entonces: ¿No tienen la responsabilidad, aquellos que pudieron acceder a los llamados “altos estudios”, de fomentar esa voluntad crítica en aquellos a los que les fue negada esa posibilidad? ¿Por qué crear un personaje ideal de estas características, con estas imposiciones que de la única manera que se resuelven es por la vía económica (comprando un curso de ingles, comprando el libro de Nietzsche, comprando los tres matutinos de Capital, comprando, comprando, comprando…)?

¿Por que esa terrible intensión de que sean cada vez menos los que tengan la posibilidad real de criticar? ¿Cuándo intentarán ser más y no siempre menos?¿Cuál es el pánico que tienen… por qué insistir en esa búsqueda egoísta del conocimiento? ¿Por qué esa falta de compromiso, porque ese individualismo, porque esa prepotencia para responder a quien no leyó tanto como ellos, lo que no es solo prepotencia, es censura: “NO ENTENDIÓ LO QUE QUISE DECIR” …(cállese!!! – Que es lo mismo-).

Descalificación pura desde un lugar de poder…

¿Y porqué no intentar explicarse mejor, porque no buscar que cada vez más personas puedan entenderlos?¿Por qué achican cada vez más el círculo? ¿Cuál es el miedo con que se agrande?¿Cuál es el miedo?...

Ah, ya lo recordé.

Respondiendo a una de las personas que se encontraba del otro lado de la sala, es decir, ese lugar donde se amuchan un montón de butacas plásticas azules, con un pequeño colchón de goma espuma, que está por debajo, siempre por debajo de ese otro lugar desde donde habla alguien que… para empezar… es más alto que nosotros…Decía que, respondiendo a una de las personas de la zona de las butacas plásticas azules, quien discutía el rol del periodismo santafesino acusándolo de “poco comprometido” por no acompañar las luchas populares que se desarrollan en la ciudad, el señor del escalón de arriba decía:“ENTONCES TENEMOS OPRESORES Y OPRIMIDOS… VOS PRETENDÉS QUE LOS MEDIOS SE PONGAN DEL LADO DE LOS OPRIMIDOS… ¿Y ENTONCES QUÉ?... REEMPLAZAMOS LA CRÍTICA DE LAS ARMAS POR LAS ARMAS DE LA CRÍTICA???… REVOLUCIÓN ARMADA???... YO NO ESTOY DE ACUERDO CON ESO”

Ese era el miedo entonces?...
Por eso no hablan para todos, por eso no comparten conocimiento con los oprimidos?…
Porque tienen miedo de que el saber se convierta en acción?…
Miedo de que el pueblo encuentre en la lucha armada el único escape de lo que, ahora que conocen, entienden como injusto?…

Qué triste…

Pierdan el miedo…
y compartan…
y quiérannos un poquito más…
son humanos…
como nosotros.

Paco Urondo - Hombre de letras y de armas

Gracias a Cecilia Amarillo, Romina Pecorari, Diego Segalla, Marcelo (Sr. Operador) y a todo el equipo de "Secreto a Voces", que hicieron posible que este homenaje se pueda transmitir en vivo y en formato radial.

Para algunos...

Un terrorista…
Un soldado de Firmenich…

Para esos que no conciben la conjunción de la letra con las armas…

Para aquellos que se espantan de las atrocidades cometidas por un gobierno de facto, impuesto al pueblo, de la misma manera que se horrorizan de quienes salen a combatirlo…

Para quienes defienden los Derechos Humanos desde un escritorio, porque tienen pánico de que cualquier paso valiente atente contra su posición pequeño burguesa…

O para otros…

Un peleador…
Un luchador…
Un militante…

Para quienes creemos que la conciencia no es tal si no se manifiesta, si no sale de las cabezas para poner en jaque a lo que consideramos injusto…

Para los que pensamos que un orden opresivo no se cambia solo, sino que hay que pelear todos los días, pero no solamente desde un café o desde la recepción de algún diario “políticamente correcto”…

Para los que sentimos que si una palabra no está justificada por una acción…
…si no sirve para mover los cuerpos golpeados por la opresión…
…si no colabora en el despertar hacia un pensamiento más igualitario y menos hipócrita…
…si no contribuye a quitarnos absolutamente todo dejo de conformismo…
…no sirve de nada… es una palabra hueca… que inevitablemente se transforma en un elemento más utilizado contra nosotros, contra el pueblo…

Un revolucionario de alma…
De letras…
Y de armas…

Javier Bonatti


POEMAS

Cada día que pasa

Sin excepción,
casi por naturaleza o desatino,
todos los días, a la mañana,
temprano, ando por este camino.
Llego tarde al trabajo
y con alegría,
cuando es necesario llegar más temprano
y con indignación o repugnancia
o sed de venganza o rabia.
Todo esto no me martiriza ni me apena,
aunque parezca lo contrario
y tenga olor a traición;
sé muy bien, con toda impaciencia,
que el ocio llegará algún día con la revolución.
Y que ni una cosa ni la otra
vienen de la tristeza o de la impotencia.
Voy cansado, es cierto,
harto como todo el mundo que se precie,
o con desaliento;
pero nunca falta alguna cosa,
un olor, una risa que me devuelva,
para valer la pena;
recién entonces empiezo a convencerme;
calles sucias y bocinas y el tráfico alucinado
y dormido todavía;
viejos conocidos, como el destino o la bruma de la ciudad.
Y el mal semblante;
la desconfianza en los ojos,
en los grandes ojos de la gente
hechos para volar.
Manos enrarecidas que rodean la calle
sitiando su respiración.
Dominados del mundo;
empleadas tersas y vulgares
bajando de coches lujosos de los dueños de otras empleadas,
y así sucesivamente.


Milonga del marginado paranoico

Parece mentira
que haya llegado a tener la culpa
de todo lo que ocurre en el mundo;
pero es así.
Han tratado de disuadirme
psicólogos y sociólogos de mi tiempo,
me han dado razones de peso técnico
largamente formuladas y parcialmente ciertas.
Pero yo sé que soy culpable
de los dolores que aquí siento y recorren el mundo;
de las soledades que lo van vaciando:
quisiera saltarcomo Juan L. Ortiz,
vociferar como Oliverio Girondo,
pero:
primero, ellos me ganaron de mano;
segundo, no me sale bien
y aquí empieza todo nuevamente:
otro sufrimiento igual a diapasones
y recursos que conozco perfectamente
y que no vale la pena repetir:
primero, para no emularlos;
segundo, porque tendré que ir reconociendo
que no he sabido hacerme entender.
Y esto es agudo como un ataque que nos traga la lengua;
pido entonces disculpas por la mala impresión,
por las exageraciones.


No puedo quejarme

Estoy con pocos amigos
y los que hay suelen estar lejos
y me ha quedado un regusto que tengo
al alcance de la mano
como un arma de fuego.
La usaré para nobles empresas:
derrotar al enemigo– salud y suerte–,
hablar humildemente de estas posibilidades amenazantes.
Espero que el rencor no intercepte el perdón,
el aire lejano de los afectos que preciso:
que el rigor no se convierta
en el vidrio de los muertos;
tengo curiosidad por saber qué cosas dirán de mí;
después de mi muerte;
cuáles serán tus versiones del amor,
de estas afinidades tan desencontradas,
porque mis amigos suelen ser
como las señales de mi vida,
una suerte trágica,
dándome todo lo que no está.
Prematuramente,
con un pie en cada labio
de esta grieta que se abre
a los pies de mi gloria:
saludo a todos,
me tapo la nariz
y me dejo tragar por el abismo.