Un viejo y una bandera
Por Diego Segalla
Eran las 6 de la tarde y hasta el reloj se impacientaba. Era sábado, un sábado común con un cielo gris que lagrimeaba de a ratos. Era un sábado más o por lo menos parecía serlo. Las horas corrían demasiado lento o al menos eso era lo que yo creía. Sin embargo todo se llenó de miradas y el sábado se dio cuenta de que era 24 de marzo.
Eran las 6 de la tarde y hasta el reloj se impacientaba. Era sábado, un sábado común con un cielo gris que lagrimeaba de a ratos. Era un sábado más o por lo menos parecía serlo. Las horas corrían demasiado lento o al menos eso era lo que yo creía. Sin embargo todo se llenó de miradas y el sábado se dio cuenta de que era 24 de marzo.
Muchas personas se reunieron en la Plaza del Soldado primero, para luego marchar hacia la Plaza de Mayo en donde estaba previsto el acto central. Había muchas personas que querían caminar hacia la historia por la calle. Caminar hacia delante pensado en el pasado y creyendo que el mundo por el cual luchaban los hijos de las madres era posible, es posible. Había adolescentes, madres con hijos en brazos y de los otros que solo piensan en ir a la plaza a jugar en las hamacas. Había jóvenes estudiantes y trabajadores. Hombres y mujeres adultos que se buscaban en otros para encontrar las pasiones. Estaban los detenidos, torturados y exiliados por la última dictadura. Había hermanos, amigos, hijos de los desaparecidos. Estaban las madres y estaban los viejos.
Con sus caras ajadas, con sus sueños perplejos, con sus ganas intactas. Sin querer repaso la plaza y veo a un anciano de anteojos y mollera desnuda achicando la mirada porque le molestaba la garúa. Se escuchan unos bombos, hay banderas de todos los colores. Banderas celestes y blancas, banderas rojas y negras, del che, de evita, banderas.
Pero había una en particular. Una blanca con letras azules. Una que encabeza la marcha. Una que exigía “Juicio y castigo a las represores”. Detrás de ella están las Madres de plaza de Mayo y el gran Osvaldo Bayer.
¡Cuanto respeto! Si pudiera describir ese respeto prometo que lo haría pero no se como se inventan las palabras que expresen tales magnitudes.
Bayer y las Madre llevaban el ritmo de la marcha con su andar cansino, como si se tomaran el tiempo para disfrutar de lo que estaban viviendo. Miraban a las casas y las personas que cruzaban por calle San Jerónimo. Saludaban y sonreían ante los elogios. Llegaron a la plaza y cantaron. La mirada añeja de Queca, los ojos claros de Osvaldo parecían recordar a sus amigos, esos que ya no estaban, los que habían sido, los que seguramente extrañaban, de los que aprendieron y que en algún momento quieren volver a encontrar.
Varias generaciones arriba del escenario
En la plaza de mayo comenzó el acto central miles de personas escucharon el listado de desaparecidos gritando el ya representativo “PRESNTE”.
Más tarde se dio paso a la lectura del documento. Al escenario subió Queca Kofman y Luciana que es hija de una integrante de la agrupación HIJOS.
Al respecto Queca dijo: “hija de la asociación HIJOS de desaparecidos y de las Madres de Plaza de Mayo, acá entre las dos los estamos manteniendo con vida a los desaparecidos”.
En el documento se puso de manifiesto la historia y los antecedentes a la dictadura militar y además se habló del presente. Del Gobierno de Kirchner y su política de Derechos Humanos: “Si bien el gobierno Nacional tiene el discurso que merece reconocimiento, no acompaña con medidas concretas para terminar con la impunidad cuando cuenta para hacerlo” dice el documento.
Por su parte, luego del documento Osvaldo Bayer subió al escenario y se llevo la ovación de la noche. Bayer comenzó su discurso mencionando como el primer antecedente de represión de la historia argentina a la Campaña del desierto. Habló de Roca y su mecanismo represivo, para que empecemos a entender de dónde vienen estas formas perversas de hacer política. Como los grupos de poder financiaron esa nefasta campaña y se vieron favorecidos con tierras fértiles. Toda esta introducción empalmó con una comparación al escenario que propició y sostuvo la última dictadura militar. Hablo de los Medios de comunicación y de los comunicadores. Mencionó a Mariano Grondona como uno de los más embanderados dentro de esta corriente de pensamiento.
Finalmente analizó cual fue la labor de los Gobiernos democráticos luego de que concluyó la dictadura. Dijo: “cuando se levantó Rico, Alfonsín en lugar de aprovechar que había 2 millones de personas en la plaza que lo apoyaban, fue al cuartel y que hizo? Se reunió con Rico y llegaron a un acuerdo en las siguientes condiciones: se acababa el golpe ahí pero después se votarán las leyes de Obediencia de vida y punto final. Después el presidente va a salir al balcón y nos va a decir ese insultó que fue la casa esta en orden felices pascuas”.
Los discursos estuvieron intercalados por el aporte cultural que le otorgó la música de Martín Sosa, Jorge Fandermole y Raúl Carnota que cerraron la noche con interpretaciones de sus propias obras y algunos temas representativos para el contexto.
A la retina y el oído me los usurparon algunas imágenes y sensaciones:
Silencio.
Respeto.
Aplausos.
El espíritu de Rodolfo Walsh y la imagen de Bayer sosteniendo la bandera.

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