lunes, junio 12, 2006

Marxismo y Papeleras

Trabajadores asalariados:
EL PROBLEMA DE LA SOBREVIVENCIA

Por Javier Bonatti y Diego Segalla

INTRODUCCIÓN:

Apelaremos en esta breve introducción, a los conceptos de tres autores que nos resultaron imprescindibles para abordar la temática. La inclusión de Ana P. De Quiroga en el análisis, remite a una necesidad puramente pedagógica en la explicación de algunos conceptos marxistas que, en ocasiones, se tornan arduos de comprender. La aparición de Herbert Marcuse en cambio, no tiene que ver con esto, sino con una ampliación del análisis marxista del ser social como creador de su consciencia, hacia el campo de la cultura.

Para Marx, las relaciones sociales que los individuos establecen en el trabajo, son relaciones sociales de producción. Al ser “de producción”, estas relaciones quedan determinadas por el modo en que se produce (en un determinado tiempo y espacio), es decir, por el modo de producción dominante.
Siguiendo esta línea de análisis, Ana P. De Quiroga se pregunta: “¿Qué determina las formas de nuestra vida?”, y responde: “el qué producimos, el cómo producimos, con qué medios, qué instrumentos utilizamos. Cómo nos insertamos en el proceso productivo, cómo se distribuye lo que socialmente se produce”.
Esto quiere decir: nuestra forma de vida (pensamiento, costumbres, etc) está profundamente determinada por el lugar que cada uno ocupa dentro del sistema de producción.
La autora nos muestra esta determinación mediante la comparación de personas que habitan el mismo suelo, pero que se encuentran en lugares totalmente diferentes en el sistema productivo: “Un indio mapuche, un técnico de la empresa Ford, un obrero textil de una gran planta de Bs. As., un pelador de caña en Tucumán, son todos argentinos, de una misma formación histórico social, sin embargo, su interpretación de la realidad, sus emociones, sus pautas de conducta, su posición ante la vida y la muerte, ante la salud y la enfermedad, su significación del sexo, su manejo del tiempo, todo es diferente. Porque se insertan de formas diferentes en el proceso productivo. Y reciben una parte diferente de la producción social”.
Quiroga nos está diciendo, desde la Psicología Social y con distintas palabras, lo que Marx decía hace 150 años.
Esto remite directamente a lo planteado por Marx con respecto a la consciencia del hombre: no es la consciencia la que constituye el ser social de cada hombre sino por el contrario, es el ser social (lo que hacemos dentro del sistema productivo) lo que constituye la consciencia y la identidad de los hombres.
¿Esto que quiere decir? Que no puede existir libertad de consciencia y esclavitud del cuerpo. La esclavitud del cuerpo lleva inevitablemente a una esclavitud de consciencia.
Con respecto a este punto, Herbert Marcuse en “Acerca del carácter afirmativo de la cultura”, nos habla de esta división entre cuerpo y alma, base estructural de la cultura burguesa. La burguesía, explica Marcuse, se ha encargado a través de los siglos de dividir el ser en dos mundos claramente diferenciados, de los cuales solo uno importa. Este mundo a proteger de las maldades e injusticias humanas es el mundo del alma, un mundo siempre libre y justo.
El alma es el lugar de resguardo de la libertad, es el lugar donde las relaciones sociales de producción no llegan, donde la opresión laboral y la injusticia no pueden acceder. El obrero no trabaja con el alma, trabaja con el cuerpo. Este mundo siempre libre y justo, el cual pertenece a todo hombre sin importar su estatus social, es el que perdona (en palabras de Marcuse) las miserias del cuerpo, maltratado y ultrajado en el injusto reino de la realidad.

Con esto intentamos decir que no existe libertad por fuera de lo real. No creemos en la existencia de un mundo trascendental en donde nos sintamos libres, llámase alma, llámese consciencia. La única posibilidad de libertad es la realidad. En palabras de Marcuse: “La única verdad, es la realidad de la libertad”.



EL TRABAJO ENAJENADO:

Para Marx el trabajo es lo que hace hombre al hombre. Esto quiere decir: no es el medio, sino el fin de su vida. En el trabajo el hombre se siente hombre; en él se vuelve consciente de su función creadora: el hombre como creador del mundo.
Quiroga intenta una definición de lo que sería el “trabajo ideal”, definiéndolo como: “la acción planificada y consciente (que) nos devuelve una imagen de nosotros mismos. Nos refleja, nos dice, desde su objetividad, quiénes y cómo somos”.

¿Pero qué sucede cuándo aquello creado por el trabajador, aquel “espejo” en donde se ve reflejado no es tal, sino que aparece como algo externo a él? ¿Qué sucede cuándo el objeto de su trabajo se enfrenta a él como algo extraño?
Aquí es donde Marx apela a su concepto de “enajenación”, para hacer referencia a este extrañamiento del trabajador con su elaboración, y no solo con ella, sino con el proceso mismo, con la actividad misma del trabajo.
¿Pero cuándo ocurre esta transformación? ¿Cuándo el trabajo deja de ser la actividad creadora y liberadora del hombre, para convertirse en un mero medio de subsistencia?
Esto ocurre cuando la fuente de toda materia prima posible, la naturaleza, pasa a ser propiedad de alguien. Es decir, cuando aparece el concepto de propiedad individual en el mundo, esto es: cuando surge el capitalismo como modo de producción dominante.
La propiedad colectiva de la naturaleza (de la tierra, de las aguas) desaparece: aquí ya no se trabaja con medios propios, aquí se trabaja con medios de otro.
La naturaleza para Marx, es el “cuerpo inorgánico del hombre”, y continúa: “Que el hombre vive de la naturaleza quiere decir que la naturaleza es su cuerpo, con el cual ha de mantenerse en proceso continuo para no morir”.
La naturaleza es de lo que el hombre se vale para vivir; es la extensión de nuestros cuerpos, es el cuerpo común con los demás. De allí que la naturaleza, de derecho, no pueda tener propietarios.

Marx dice: “El trabajador pone su vida en el objeto, pero a partir de entonces ya no le pertenece a él, sino al objeto”. Por tanto, si el objeto que elaboramos (y los medios con lo que lo elaboramos) queda en manos de otro, nuestra propia vida pasa a ser de otro. El objeto producido ideal es el que nos refleja, es algo que nos devuelve nuestra propia imagen, porque nosotros estamos en él. Al pertenecer este objeto de mi trabajo a otro, la vida que el trabajador en tanto tal ha puesto en él, se le vuelve en contra, “se le enfrenta como cosa extraña y hostil”.

Y concluye Marx: “Por eso el trabajador solo se siente en sí fuera del trabajo, y en el trabajo fuera de sí. Está en lo suyo cuando no trabaja, y cuando trabaja no está en lo suyo. Su trabajo no es, así, voluntario, sino forzado, trabajo forzado. Por eso no es la satisfacción de una necesidad, sino solamente un medio para satisfacer las necesidades fuera del trabajo”.



EL FETICHISMO DE LA MERCANCÍA: DE COMPRAS EN EL MERCADO

¿Cuándo la mercancía se transforma en el fetiche del sistema?
Cuándo “todo” adquiere valor de cambio, cuando todo tiene la posibilidad de entrar al mercado, con un precio determinado.
El extremo de esta fetichización es el hecho de que los propios cuerpos entran al mercado para ser parte de un movimiento puramente monetario.
El obrero ofrece en el mercado (como el verdulero ofrece sus zanahorias, como el panadero su pan) su fuerza de trabajo, esto es: entra al mercado para venderse al mejor postor. Dentro de ese mercado hay dos tipos de fuerzas que están en constante tensión: los vendedores y los compradores.
Los vendedores son los trabajadores, quienes venden su fuerza de trabajo (la cual es su única propiedad). Los compradores son los capitalistas, los burgueses, los dueños de los medios de producción. Unos pelean por vender su mercancía al precio más alto que puedan, y otros por comprarla al precio más barato. Marx dice: “hay competencia entre compradores y vendedores; unos quieren comprar lo más barato posible, otros vender lo más caro que puedan. (...). La industria lanza al campo de batalla a dos ejércitos contendientes, en las filas de cada uno de los cuales se lleva a cabo una batalla intestina. El ejército cuyas tropas se pegan menos entre sí es el que triunfa sobre el otro”.

¿Quién gana en esta lucha? ¿Es el ejército que menos compite entre sí? ¿Qué quiere decir Marx cuando nos dice esto? Sencillamente que, si llega el momento en que la oferta de vendedores de fuerza de trabajo sobrepasa la demanda de compradores de la misma, quienes terminan perdiendo, esto es, quienes terminan trabajando por un salario indigno, o quienes terminan en la calle, expulsados del sistema laboral, son los trabajadores.
El llamado “salario” es, ni más ni menos, que el precio que se le pone a una mercancía más. Como vimos, ese precio puede variar según las contingencias del mercado (más oferta, más demanda), como varían los de cualquier producto puesto en venta.
Aquí vemos como la fuerza de trabajo se convierte en mercancía, como es lo mismo para un capitalista invertir en 12 horas de fuerza de trabajo de un obrero, que comprar un repuesto para una máquina averiada.


ESCLAVOS Y PATRONES:

Marx decía que el trabajador asalariado era un esclavo desde dos dimensiones: la primera es porque es el trabajo la actividad que dignifica al hombre, esto es, es lo que hace hombre al hombre; y la segunda porque es lo que nos permite sobrevivir. ¿Cómo? Mediante el salario.
Detrás de esta lucha entre compradores y vendedores, entre la oferta y la demanda de trabajo, existen otros actores que influyen en el valor del salario.

Jaime Fuchs (economista argentino) nos habla de la presencia de cuatro patrones dentro del sistema capitalista. Habla primero del “capitalista extranjero, quien se lleva el 25 % de la riqueza del país”. En base a este porcentaje, Fuchs intenta explicarnos cómo cada habitante de nuestro país está influenciado, no solo económicamente, sino además culturalmente, por los capitales y productos extranjeros.
Este economista continua expresando que “el segundo patrón es el capitalista local, el estanciero”. En este aspecto no ahonda demasiado en su análisis, pero podemos agregar que estos especuladores también tienen gran poder de decisión dentro del desarrollo económico del país (volviéndose muchas veces “socios” de aquellos primeros patrones).
“El tercer patrón es el Estado, que para mantener su burocracia, necesita recursos”.
Es decir, que la burocracia estatal también esta determinando los ingresos de los trabajadores, porque utiliza recursos derivados de sus salarios para mantenerse.
“En los países subdesarrollados, el 80 % de sus recursos, el Estado lo adquiere de los salarios. Vive a costa de los trabajadores”.

Pero:
¿Esto ocurre en todos los países del mundo?
¿Es tan alto el costo de funcionamiento del Estado?
¿Son siempre los trabajadores los que financian al Estado?
Tal parece que este es un mal que padecen los países más pobres porque, según explica Fuchs: “en los países desarrollados, el 60 % de los recursos para el funcionamiento del Estado lo aportan las grandes empresas”.
Tal paradoja parece no ser cierta, pero los primeros patrones, los capitalistas extranjeros gozan, en estos países pobres, de ciertos privilegios que no poseen en sus países de origen.
“El ultimo patrón es el terrateniente. En la actualidad 100 familias tienen los fondos de 100 millones de hectáreas de tierras. Están todos entrelazados, conforman un clan cerrado. Son en su gran mayoría familias tradicionales, patricias, que se beneficiaron con el robo de tierras a la población aborigen luego de la campaña del desierto”.
Con esto último Fuchs explica que la tenencia monopolizada de las tierras genera una renta para sus propietarios, que eleva el costo de los productos (elaborados en éstas), con lo que también estaría aumentado el costo de vida de las personas que los consumen.

Volviendo al tema de la paradoja planteada anteriormente por Fuchs, vale preguntarse: ¿Cuáles son estos beneficios de los que gozan los capitalistas extranjeros en zonas empobrecidas? En síntesis: ¿Por qué eligen estas zonas para instalar sus industrias?


¿POR QUÉ ACÁ?

La pregunta que surge, con respecto a la instalación de empresas multinacionales en Sudamérica, es: ¿Por qué eligen instalarlas en estos lugares? ¿Qué parámetros tienen en cuenta estas empresas para realizar esta elección?
Hay muchos puntos para analizar desde estas preguntas.

Desde fines del siglo XIX y principios del XX, los capitalistas extranjeros se han sentido profundamente atraídos por las zonas más empobrecidas del planeta, para la instalación de sus empresas.
La elección de estos lugares no es casual. No arriban a estas tierras a instalar sucursales de sus grandes empresas, sino que lo que realizan aquí es el llamado “trabajo sucio” del proceso de producción.
Sucio desde todo punto de vista: ambiental (deforestación, contaminación del agua, aire y suelo), laboral (aquí es donde se realizan las tareas que, en sus países de origen, no se permiten por malas condiciones de salubridad de los trabajadores).
¿Pero quién es el encargado de permitir que ese “trabajo sucio” se realice en estos países? Sencillamente los gobiernos de dichos países, que además de las concesiones ya nombradas, ofrecen múltiples beneficios económicos a los extranjeros.

Desde el punto de vista ambiental, las empresas multinacionales se aprovechan de la falta de controles por parte de estos países. El hecho de que exista una empresa con intensiones de invertir grandes sumas de dinero en estas regiones, genera grandes expectativas en los gobiernos nacionales y, no solo en ellos, sino en los empresarios locales, posibles futuros socios de tales empresas (una vez instaladas en estas zonas).
Toda esta situación genera que los controles sobre las posibles consecuencias que estas fábricas puedan tener sobre el medioambiente sean reducidos al mínimo (al igual que los impuestos a las ganancias), o directamente no existan.

La situación de Uruguay, en particular, es realmente inédita.
El presidente Tabaré Vásquez se ha encargado de afirmar que respetará todo acuerdo firmado previamente a su asunción al cargo. Uno de estos acuerdos (“Acuerdo con el Gobierno de la República de Finlandia relativo a la promoción y protección de inversiones”) data de marzo del año 2002, y fue firmado entre los gobiernos de Uruguay y de Finlandia (país origen de la papelera “Botnia”, actualmente con intensiones de instalarse en la localidad de Fray Bentos, sobre las costas del río Uruguay).
El periodista Ricardo Serruya, en su texto titulado “Instalación de papeleras en el Uruguay: La frontera de la muerte”, haciendo referencia a esta acuerdo, y citando el artículo 6 de dicho tratado, dice: “…en caso de que los inversores ´sufran pérdidas por causa de guerra u otros conflictos armados, estado de emergencia nacional, revuelta, insurrección o manifestaciones en el territorio de esta Parte Contratante, esta última les otorgará el mismo tratamiento en cuanto a la restitución, indemnización, compensación u otros acuerdos, que aquel acordado a sus propios inversores o a otros inversores extranjeros´ “.

Este pequeño fragmento hace de perfecto ejemplo y demuestra el carácter dependiente de la gran mayoría de los gobiernos de estos países “en vías de desarrollo”.
Además, es importante destacar nuevamente que estas empresas, cuyas casas matrices están en su gran mayoría en Europa, vienen a estas tierras a realizar el trabajo sucio de la producción.
¿Por qué? Porque en lo económico les resulta muy ventajoso instalar sus industrias, por ejemplo, en Uruguay, pues no pagarán las sumas de impuestos que sí están pagando en su país. Además, los salarios que abonarán, serán más bajos que los que pagan a sus compatriotas.
Entonces, la empresa finlandesa no estaría abriendo en Uruguay una sucursal de su casa matriz, sino que por el contrario, estaría cerrando la de su país para mudarla a esta parte del planeta, donde los controles son menos rigurosos y las necesidades más urgentes.


LOS PUESTOS DE EMPLEO:

Otra de las aristas a evaluar es la que tiene que ver con el trabajo.
Estas empresas multinacionales llegan a los países con mayor índice de pobreza no casualmente: uno de sus “caballitos de batalla” para ingresar su monstruosa maquinaria es la promesa de la creación de cientos o miles de puestos de trabajo. La ciudad uruguaya de Fray Bentos es una de las más pobres de este país rioplatense: los índices de desocupación son desorbitantes y las actividades económicas son escasas soluciones para sus pobladores.
Remitiéndonos a Marx, este contexto le es favorable a los dueños de los medios de producción (en este caso, dos empresas papeleras) debido a que lo que faltan aquí son compradores de fuerza de trabajo, ya que vendedores hay de sobra.
El gran problema es que, en la mayoría de los casos (Brasil, Venezuela, Kenia), la infraestructura montada y el espacio ocupado por las plantas (algunas ocupando más de 200.000 hectáreas, verdaderas ciudades-fábricas, que desplazan a centenares de familias que viven de la agricultura y la ganadería), no se corresponde con la cantidad de fuentes de trabajo ofrecidas por dichas empresas.
En el libro “FABRICAS DE CELULOSA: Del monocultivo a la contaminación industrial”, editado por el Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, se explica claramente esta cuestión: “los pocos empleos creados se hicieron a expensas de los que se perdieron en las actividades que se sustituyeron, y con igual o peor calidad de las condiciones de trabajo y la remuneración”.
Y agregan: “El fuerte de las empresas y de quienes las apoyan es la promesa de creación de puestos de trabajo en un medio con un altísimo nivel de desocupación. Pero las cuentas están incompletas, pues no contabilizan las fuentes de trabajo locales que se perderían justamente por los posibles impactos de las plantas de celulosa –desde el característico olor a “huevo podrido” hasta la contaminación del río– en el rubro turístico, la pesca, la horticultura orgánica, la apicultura. Y por otra parte, dicho por la propia empresa Botnia, de los prometidos 300 puestos de trabajo, 292 serían ocupados por personal muy calificado, con lo cual el grueso de la población no cambiaría sustancialmente su situación”.
Es decir que, lejos de generar posibilidades de empleo, Botnia estaría jerarquizando las posibilidades de trabajo. Estaría vendiendo nuevamente espejitos de colores a un pueblo con necesidades urgentes, pero además quitándole toda posibilidad de desarrollo económico fuera de este gigantesco emprendimiento que contaminará ambas costas del Río Uruguay.
Al respecto Graciela Bermúdez, integrante de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychu, manifiesta que: “Botnia es una ciudad, es decir, una ciudad que va a estar al servicio de una empresa. Una empresa que va a contaminar el agua, va contaminar el aire. Para hacer la pasta de celulosa, se necesitan eucaliptus, estos árboles requieren para desarrollarse 100 litros de agua por día. Por lo tanto, los eucaliptales dejarán sin agua a las zonas linderas, no habrá napas, es decir que los pequeños granjeros se quedarán con sus cultivos secos”. A lo que también agrega: “Gualeguaychu va a ser perjudicada en todo sentido. El olor va a ser insoportable, el ganado va consumir agua contaminada, por lo tanto la población no podrá consumir lo que se produce en la región, por riesgo a contraer cáncer. El turismo se irá derrumbando de a poco, la comuna ya no podrá cobrar mas impuestos, esta ciudad se va a convertir en un pueblo fantasma”.

En estas condiciones es como las multinacionales arriban a estos lugares del mundo, que cargan con los más altos índices de pobreza a sus espaldas (mentira, quienes cargan con la pobreza son las personas), aprovechando la inmensa oferta de obreros desesperados por trabajar, aprovechándose de la gente que piensa y dice: “prefiero morirme de cáncer y no de hambre”[1].



EPÍLOGO: EL PROBLEMA DE LA SOBREVIVENCIA

Este es el nudo del problema. Luego de revisar los conceptos de Karl Marx, tratando de realizar un paralelismo entre estos y las actuales situaciones de empleo que se dan en determinados países, llegamos a una conclusión terminante.
No nos cabe ninguna duda de que el “ser en producción” (tomando a Ana P. De Quiroga y reemplazando al ser social de Marx) es lo que determina todo lo que hace el hombre y, lo peor de todo, lo que piensa el hombre. Retomando a Ana Quiroga “cada uno de los eslabones dentro del sistema productivo determina sus prioridades desde el lugar que ocupa en el sistema productivo”.
Es que a eso hemos llegado, a pensar y a creer que somos solo un eslabón, en una cadena. Y no será esta una paradoja, ni una metáfora. Por el contrario estamos siendo devorados por el sistema productivo. Estamos establecidos y aceptados como una mercancía. Jamás nos detuvimos a pensar, ni a creernos fuera del trabajo.
Hay quienes sostienen que el trabajo estructura la vida: Pero:
¿Cual es nuestra posibilidad de desestructurarnos?
¿Somos capaces de realizar un análisis sobre las causas que nos llevaron a aceptarnos como un producto más?
¿Dejaremos alguna vez de naturalizar estas imposiciones del sistema?
¿Haremos alguna vez una crítica de la vida cotidiana?
O mejor: ¿Qué es hacer una critica de la vida cotidiana?
Según Ana Quiroga la critica de la vida cotidiana “consiste en un análisis de las formas en que en cada organización social concreta se desarrolla el interjuego entre necesidades de los sujetos y las satisfacciones, metas y conductas disponibles, pautadas para estas necesidades”.
¿Será posible detenerse a realizar este análisis en estos tiempos?

Cabe preguntarse entonces:
¿Cómo comprender esta declaración: “prefiero morir de cáncer y no de hambre”?
¿Cómo comprenderla desde “mi” lugar, desde mi conocimiento y sabiduría absolutos sobre mi mañana más próximo; es decir: desde el “saber” que mañana voy a comer, y que pasado también?
¿Pero qué sucede cuándo la sobrevivencia no está asegurada y, por el contrario, está en constante riesgo?
Sucede este testimonio, sin más ni menos.
Pero no solo un testimonio.
Sucede una forma de vida.
¿Cuál es el “valor” que le da esta persona a su vida?
O mejor: ¿El valor de una vida es igual para todos?
Absolutamente NO.
La misma escala de valores está totalmente determinada por el lugar que ocupamos en el sistema productivo. A quien sepa con seguridad que mañana comerá, nunca se le ocurriría pensar esto, y menos decirlo, y menos hacerlo. Porque aquí hay un hacer, no solo un decir; aquí hay un hacer que es, ni más ni menos, una vida.

Entonces, si es nuestro lugar en el sistema productivo lo que determina lo que somos (es decir, lo que determina si somos libres o no), y este “ser” se nos revela como un esclavo de determinadas necesidades, lo que debemos cambiar es ese sistema productivo. Cuando la sobrevivencia está en juego, la libertad no existe, porque el sujeto se convierte en esclavo de una necesidad, en este caso de alimentarse.
Marcuse decía que el gran invento de la burguesía era el alma. El lugar libre de cada hombre, el lugar al que apelar cuando los golpes de la realidad se tornan insoportables. El lugar de paz y de tranquilidad. El lugar que no existe; y solo cuando seamos conscientes de esto (de su inexistencia) buscaremos la libertad (vivir, no sobrevivir) en este mundo, en el “real”, y no nos contentaremos con tenerla resguardada bajo llave en la amorfa forma de un ente inexistente.




BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

- Marx, Karl:
o “El trabajo enajenado”
o “Trabajo asalariado y capital”, C. Marx y F. Engels. Pequeña biblioteca marxista leninista. Ed. Ateneo, Bs. As., 1958. Capítulos: “Trabajo asalariado y capital” y “Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”.
- Douthat, Dora y colaboradores:
o “Los asalariados en la crisis económico – social”. Ed. Cartago, Buenos Aires, 1990.
- Serruya, Ricardo:
o “Instalación de papeleras en el Uruguay: La frontera de la muerte”.
o “Humo rosado. La contaminación que mata en la provincia de Santa Fe”. Ed. De la Cortada, Santa Fe, 2002.
- Marcuse, Herbert:
o “Acerca del carácter afirmativo de la cultura”, en “Cultura y Sociedad”, Ed. Sur, Buenos Aires, 1967.
- Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales. Coordinación general: Ricardo Carrere:
o “Fábricas de celulosa: del monocultivo a la contaminación industrial”. Publicado en abril de 2005.
- De Quiroga, Ana P.
o “La psicología social como crítica de la vida cotidiana”, Ed. Cinco, Bs. As., 1990 (segunda edición).

- Entrevistas:
o Graciela Bermudez, integrante de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychu, febrero de 2006.
o Jaime Fuchs, economista argentino, julio de 2005.
[1] Testimonio de un poblador de Las Toscas, entrevistado por Ricardo Serruya para su libro: “Humo Rosado. La contaminación que mata en la provincia de Santa Fe”.

viernes, junio 02, 2006

Investigación: "La Presión del Guardapolvo"

Los docentes: obligados libertadores de un país en crisis

Una investigación de: Lorena Albornoz, Javier Bonatti y Diego Segalla

Mónica galopaba al ritmo del carro del panadero, único medio para llegar a la escuela sin embarrarse tanto. Adentro de su inmensa panza Fernando, hoy estudiando en Esperanza, luchaba contra los bruscos movimientos de ese señor que no lo dejaba dormir. Un año atrás, los mellizos no tenían, como él, la posibilidad de salir al mundo. El doble turno y los embarazos no se llevaban bien… “quizás hoy me preocuparía por mi bebe”; pero ayer no… ¿por qué? La fría estadística nos dice que la pérdida de embarazos en las docentes primerizas, cuadriplica la media en la misma franja edad. “No te preocupes… es normal”, le decía el médico a Mónica hace 20 años atrás… ¿era normal? ¿Es normal que en los primeros meses de embarazo (la etapa del llamado “embarazo en riesgo”) una docente santafesina deba cumplir doble turno? Lo que comenzó como una duda se fue ampliando a múltiples dudas: ¿qué lleva a perder un embarazo?, es decir: ¿qué actividades llevan a las docentes a perder a sus bebés? ¿Existen otros problemas que desconozcamos en el ámbito de trabajo docente? ¿Hay ámbitos más propensos a problemas que otros? ¿Acaso no existe un “listado de enfermedades profesionales”? ¿Qué problemas está cubriendo este listado y cuáles no? ¿Por qué las docentes no piden licencias por embarazo?... El Listado de Enfermedades Profesionales (1996) apareció cuando surgió la Secretaría de Riesgos de Trabajo, y sus pequeñas empresas contratantes: las ART (Aseguradoras de Riesgos de Trabajo). Éste sólo reconoce algunos problemas de voz como “enfermedades laborales” que puedan afectar al sector docente. Era nuestra tarea averiguar cómo un problema de voz podía derivar en la pérdida de un embarazo, o más inteligentemente, qué enfermedades estaban afectando a los docentes y no eran reconocidas por el listado. Quisimos buscar el extremo: visitar la más grande escuela urbano-marginal de la ciudad. Lo que no sabíamos era que la escuela 1109, Hipólito Irigoyen, era, además, la escuela más grande de la provincia. Sí, más grande que cualquier escuela céntrica de Santa Fe; más grande aún que cualquier escuela de Rosario.

Escuela 1109, barrio Yapeyú (norte de Santa Fe)

Atravesando la ciudad hacia el norte, más precisamente por Av. Blas Parera al 10000, emerge el barrio Yapeyú. Son poco menos de 10 km. los que lo separan del centro, pero bastan para notar el peso de lo que los “céntricos” llaman “periferia”. La calle principal del barrio está asfaltada, y es la única en esas condiciones. Algunas casitas de medio pelo cubren los costados del asfalto, pero al girar la cabeza en cada boca calle se ve la verdadera cara de Yapeyú. No hay asfalto, ni casitas de medio pelo, ni alumbrado público, ni ningún signo de “civilización primer-mundista”. Más de 1500 chicos del barrio encuentran en la escuela 1109 la única comida del día, el único contacto “civilizadamente correcto” con otra persona; o con un libro; o con una masa sin forma, que entusiastamente convierten en galletitas dulces, gracias a unos simpáticos vasos plásticos que hacen las veces de moldecitos. Centenares de chicos de entre 6 y 13 años (y otros tantos con sobreedad) recorren segundo a segundo pasillos similares a los de los pabellones de las cárceles. Un gran salón de actos colocado estratégicamente en el centro del edificio, hacía las veces de patio techado, aprovechado por los chicos durante los recreos para corretear un rato. “Ya les quedó chico el patio”, nos decía Ana María de la Puente, vicedirectora de la Escuela Especial Nro. 2026 “Jardín de la Esperanza”, y persona a cargo de la supervisión de los grados radiales en las escuelas 1109, 1130 y 19. Detrás del escenario, del lado izquierdo, una puerta de doble hoja dejaba entrever un inmenso salón iluminado por decenas de fluorescentes. Ese era el lugar más concurrido, sin dudas; o al menos al que con más ganas se llegaba. El comedor estaba animado por un centenar de mesas, que no bastaban para todos. “Hubo que empezar a darles de comer por turnos a los chicos, porque esto también quedó chico”. Llegamos a uno de los tres grados radiales (grados de chicos “especiales” dentro de una escuela “común”) que tiene la escuela, y sorpresivamente nos encontramos con que ese era el día elegido para la clase de cocina. “Los problemas de conducta se solucionaron con el Taller de Cocina”, porque a los chicos les encantaba ver como con sus propias manos podían crear algo que les diera placer. “Si están sin hacer ninguna actividad, se matan”. Ana María llegó con una parva de 10 libros, que apoyó en una de las mesas a la cual la invasión de harina, huevo, azúcar y membrillo no había llegado. Antes de que pasaran dos escasos segundos sobre la madera, las blancas hojas se encontraron con una decena de manos que se abalanzaron sobre ellas y las empezaron a recorrer, mirando sus dibujos y todo lo que tenga algún tipo de color que llamara la atención. Sí, a los libros primero los ven los chicos, después las docentes… una hermosa manera de hacer la democracia. A cargo de la supervisión del divertido y espontáneamente anárquico taller de cocina, estaban Andrea Salvatore y Gabriela Martinez. Mientras el horno se calentaba y los chicos se impacientaban, en la escuela pasaba de todo, y nadie se enteraba, o nadie quería enterarse o, lo que es peor, quienes podían dar soluciones no estaban enterados o, lo que es peor que lo peor, quienes podían dar soluciones lo sabían. Pre-infartos, cánceres, stress en dosis familiares, ataques de ansiedad, fobias. “Y… hay una chica que tuvo un ataque de stress que no podía soportar más entrar al aula… ahora está atendiendo la fotocopiadora de la escuela”. Nos decía Andrea, como si estuviera contando por enésima vez algo que ya todos deberían saber (y solucionar, claro, o intentarlo al menos). “Hay una vice-directora que no puede pasar por la puerta de la escuela porque le agarran ataques de fobia…”. Pero ¿por qué pasa esto? ¿Cómo se llega a tales grados de stress y depresión? ¿Cómo es posible que se llegue al punto tal de no poder pasar por el que fue tu lugar de trabajo durante años? “Después de años de trabajar, al ver que tus objetivos no se cumplen… caes en un pozo”; así intentaba respondernos Gabriela, de la manera más honesta y espontánea que podía; y reían juntas: “nosotras todavía estamos sanas, ¿no Anita?”.

La presión del guardapolvo

Salimos de Yapeyú y nos internamos en Av. Gorriti, que atravesaba el norte de la ciudad de Este a Oeste y viceversa. Unas cuadras después llegábamos al Jardín de la Esperanza. “El porcentaje de chicos con síndrome de down ha caído un montón en los últimos años. Ahora el 90% de los chicos de la escuela son “discapacitados por falta de olla”. Resabios de una década nefasta… Allí, el Dr. Alberto Gaspari comenzaría a sacarnos una de nuestras dudas surgidas en nuestro paso por Yapeyú, que para entonces solo necesitaba de una palabra autorizada para quedar firmemente establecida: el número de consultas por problemas psicológicos y psiquiátricos había aumentado considerablemente en los últimos años. Volvimos al centro para entrevistarnos con otra de nuestras fuentes. Diego Preziuso es psicopedagogo y ha estudiado largamente las cuestiones relacionadas con la salud mental dentro del ámbito de trabajo docente. Necesitábamos saber qué estaba pasando, porqué el número de consultas a los psiquiatras había aumentado, porqué se amuchaban más de 150 docentes por día en el Ministerio de Educación para solicitar licencias. Diego Preziuso estudió el Síndrome de Bunrout, enfermedad que, de alguna manera, afecta a las personas que tienen responsabilidades sobre otras. Preziuso basó su estudio, específicamente, en la tarea docente en escuelas urbano-marginales. El estudio dio como cifra resultante que el 46% de los docentes se encuentran en “situación de riesgo”, esto es, cercanos a padecer de síntomas de stress o burnout. ¿Por qué sucede esto? Preziuso nos contaba que el estar inmersos (los docentes) en una situación en la cual influyen negativamente tanto las condiciones como el contexto de trabajo, llevaba a los docentes a sufrir un cansancio constante, un deterioro de su identidad subjetiva, un progresivo desgano en la realización profesional, y finalmente la pérdida de ganas de trabajar y la frustración por la tarea que se realiza (renegar de su profesión).


El testimonio

El Barrio Sargento Cabral esta ubicado a unas 20 cuadras del centro de la ciudad. Es un asentamiento que antiguamente lo ocuparon obreros, comerciantes y ferroviarios, lo que años atrás se denominaba “clase media”. Delimitado por avenidas, su trazado se confunde con las diagonales que le imprimen las vías del ferrocarril Belgrano. Confundidos entre los autos que circulan por la avenida Aristóbulo del Valle llegamos a la casa de Mónica. Mónica Lamas es docente desde hace 24 años. Trabaja en la escuela 1130, “Cooperación Escolar”, donde es docente de uno de sus grados radiales. Cuando nos abre la puerta vemos una persona amable que nos invita a entrar por un pasillo que da al jardín de su casa. Allí quedarán nuestras bicicletas, al resguardo de una perra de rulos y kilos generosos, que nos sale a saludar y mueve su cola al ritmo que su sobrepeso le permite. “…Por una historia impuesta, el docente se cree que es el responsable de llevar adelante todo, y a veces las instituciones no son las personas, porque las personas se sustituyen, todos se pueden enfermar y otro lo tendrá que reemplazar; pero uno se cree que tiene que ser el puntapié de todo, el árbol del que salen todas las ramitas, y a veces no es así. Uno se bancó durante mucho tiempo muchas cosas, pensando que uno no “debía” enfermarse…” así lo afirma Mónica, luego de contarnos que hacía 16 años que no pedía licencia. En los barrios de la denominada periferia santafesina, las realidades son de panes escasos y el gusto a la leche es un remoto recuerdo de tiempos adonde la memoria llega con mucho esfuerzo. En estas realidades están inmersas las llamadas escuelas urbano marginales, en donde el docente se especializó sin escolarizarse en Medicina, Asistencia Social, Abogacia, etc.. “…A lo mejor es distinta la realidad en otras escuelas. A lo mejor en una escuela del centro, donde los chicos tienen cubiertas sus necesidades básicas es distinto. Vos no podés pedirle a un chico que no comió desde el día anterior que te sume o te reste, porque tiene hambre. Lo único que te dice es: “¿a qué hora viene la leche?, ¿ya es la hora de la leche?”, es el único tema porque es lo único que está pensando…”. Sin embargo, el docente se termina dando cuenta de que con su labor no puede contrarrestar todas las falencias y carencias que poseen los educandos en su contexto, como lo explica Mónica, citando a uno de sus alumnos: “…yo si salgo a chorear consigo en una hora lo que mi papá labura todo el mes, y uno no tiene argumentos para poder defender tu postura porque lo que te está diciendo el chico es real. La moral mía no es la misma que la tuya, ni la de los chicos, por eso no podemos generalizar en moralidad y todo lo demás...”, a lo que agrega: “un psicólogo me decía: vos no podés ser más papista que el Papa, no podes cambiarle la realidad porque vos lo tenés 4 horas, las 20 restantes viven una realidad completamente distinta, tus códigos de vida, tus valores no son los mismos que los de los chicos…”. De esta falta de códigos comunes nos hablaba Preziuso, cuando manifestaba que el docente es externo a la comunidad en donde desarrolla su tarea, lo que dificulta aún más su labor. A esta situación se le sumaba, hasta setiembre del año 2004, la obligatoriedad del presentismo. Esta imposición ocasionaba una presión extra en las funciones de los docentes. “Estoy que no puedo más”, ¿y qué hago? Me compro un mío relajante, alguna cosa que me distienda un poco los músculos de la cervical, que no provoquen este dolor de cabeza. Y otra cosa es que te descuenten $80, porque antes por un solo día te descontaban medio presentismo, pero a partir de los dos días, el presentismo entero. Hay muchas jefas de hogar en la docencia. Antes la docente era la que aportaba algo al sueldo familiar, pero ahora hay un montón de gente que son las que mantienen la casa…”. Con la cancelación del presentismo como obligatorio aparecieron situaciones desconocidas hasta el momento “…$80 significaba un aporte importante, y nadie lo quería perder, entonces uno se la iba bancando. Por eso el destape ahora de todas las licencias…” dice Mónica. En la actualidad, diariamente, más de 150 docentes visitan los consultorios del Ministerio de Educación para pedir licencia de los cuales, un alto porcentaje, lo hace por cuestiones psiquiátricas. Este grupo de trabajo intentó entrevistarse con Ana María Slabimen – Directora de Salud Laboral del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe – para acceder a los números oficiales, pero no tuvo respuesta.

Libertadores frustrados

Nuestro interés primero fue el de encontrar la causa del deterioro de la calidad de vida del docente. Al intentarlo, nos encontramos con la existencia de un corrimiento de la labor del docente, que se fracciona dejando de lado lo pedagógico por otras cuestiones (quizás) más urgentes. Mónica nos decía: “yo te quiero ver con 32 chicos, que uno se te hace pis, el otro caca, a otro le chorrea el moco, el otro tiene piojos y le tenés que hacer la notita a la mamá para que le controle la cabeza... Yo creo que es una exigencia de la sociedad: que el filtro sea la escuela, entonces empezamos a cubrir una cosa y otra…”. Y otra, y otra... ¿hasta cuándo? ¿cuál es el límite del trabajo docente? Y si lo hay: ¿quién es el encargado de ponerlo? ¿la sociedad o la persona? Es así como, desde el punto de vista profesional, el docente se ve frustrado, porque sencillamente su función pedagógica queda relegada ante otras cuestiones. Por otro lado, el docente tiende a naturalizar esta situación (el asistencialismo como parte de sus funciones), y al no poder solucionar los conflictos que sufren sus alumnos se produce la frustración a nivel humano, personal. “Si uno se tomaría el trabajo de anotar las cosas que uno hizo en el día, te darías cuenta porqué te duele la cabeza y los hombros como te duelen… yo creo que hay gran parte de culpa nuestra por no limitar; porque lo nuestro es pedagógico, no asistencial. Pero es como que ya estamos metidos en el tema, entonces: solucioná”. Esta es una de las explicaciones del porqué el docente tiene una carga extra y un desgaste mayor: el docente es quien carga con la crisis en un país en crisis. Cuando fuimos a entrevistarnos con el Dr. Federico Dominguez, en el sanatorio psiquiátrico “La Marced”, nos decía: “Padres desocupados, situaciones que terminan generando ambientes conflictivos, familias disfuncionales, problemas que se evidencian en los chicos… y que los chicos llevan a la escuela y de ese modo los docentes se ven sobreexigidos en su capacidad de formar y educar, se sienten totalmente superados por una realidad para la cual ellos no están formados”. Es el docente quien está expuesto a esa realidad y (como muchos de ellos piensan) quien debe modificarla El malestar a partir del trabajo en barrios marginales se genera por una multiplicidad de factores, pero existe uno fundamental: lidiar contra algo para lo cual no fueron formados los docentes, esto es: cambiar una realidad injusta, o intentar hacerla más “tolerable”. El hecho de que la responsabilidad recaiga sobre los garantes de la educación de nuestras futuras generaciones no es casual: alguien deja que esto sea así y siga siéndolo. Alguien(es) que debería hacerse cargo, generando lazos que permitan soluciones a los problemas más urgentes y dejando que uno de esos problemas, pero solo uno, sea resuelto por los docentes: nuestra educación. Hay algo que nos quedó en la memoria. Fue cuando, al contarnos Mónica sobre su embarazo perdido, le preguntamos porqué no había pedido licencia: “¿Cómo iba a pedir licencia por un embarazo? Si no estaba enferma...”

El caso (Mónica Lamas):
“Yo estaba en los primeros años de casada, y tuve que hacer un reemplazo, así que tenía el reemplazo más el grado radial… tenía doble turno, y como no había medio de transporte que te lleven de una escuela a otra en ese momento, mi marido me llevaba de acá para allá. Y necesitábamos tener un bebé. Llega una época del matrimonio en que decís: “yo quiero tener un bebé”. Quedo embarazada y mientras tanto este trajinar de ir y venir de una escuela a otra, el atender dos cursos… y en una Semana Santa empiezo con pérdidas y aparentemente eran mellizos porque perdí una placenta la noche que me interné porque no daba más, y al día siguiente el médico me mostró que había otra placenta chiquita. Y me dijo: “no te preocupes, esto es normal en las mujeres primerizas, a lo mejor no estaba bien formado”. Pasó un año y yo no me podía volver a embarazar, y el médico me dijo: “me vas a ser una esterilidad psicológica, tenés que superar todo esto porque físicamente estás bárbara, no tenés ningún problema, lo que pasa es que a lo mejor psicológicamente no estás bien”. Y me dijo: “tratá de desenchufarte un poco… andate de vacaciones…”, y nosotros no teníamos un mango porque éramos recién casados, los dos laburábamos por nada, la docencia nunca fue muy bien paga y mi marido trabajaba en la administración pública con una categoría inicial, así que… nada. Nos embalamos con un Fiat 600, que se le veía el aire a las ruedas, a irnos a Colón en carpa… y nos volvimos embarazados de Fernando”.


Agradecemos a todas las personas que nos brindaron su tiempo y sus ganas de contar las experiencias que viven diariamente. Entre ellos a:

Mónica Lamas (Docente de Educación Especial - Escuela de EGB Nro. 1130, “Cooperación Escolar”)
Ana María de la Puente (Docente – Escuela Especial Nro. 2026)
Ana García (Salud Mental – Amsafe Provincial) Sonia Alesso (Secretaria General – Amsafe Provincial) Eduardo Aguirre (Servicio Social – Amsafe Provincial) Diego Presiuzo (Psicopedagogo) Dr. Federico Dominguez. (Psiquiatra - Sanatorio “La Merced”). Dr. Alberto Gaspari (Psiquiatra) Mónica Beatriz Rivero (Docente - Acción Educativa) Andrea Salvatore (Docente de Educación Especial – Escuela de EGB Nro. 1109, “Hipólito Yrigoyen”) Gabriela Martínez (Docente de Educación Especial – Escuela de EGB Nro. 1109, “Hipólito Yrigoyen”)