viernes, junio 02, 2006

Investigación: "La Presión del Guardapolvo"

Los docentes: obligados libertadores de un país en crisis

Una investigación de: Lorena Albornoz, Javier Bonatti y Diego Segalla

Mónica galopaba al ritmo del carro del panadero, único medio para llegar a la escuela sin embarrarse tanto. Adentro de su inmensa panza Fernando, hoy estudiando en Esperanza, luchaba contra los bruscos movimientos de ese señor que no lo dejaba dormir. Un año atrás, los mellizos no tenían, como él, la posibilidad de salir al mundo. El doble turno y los embarazos no se llevaban bien… “quizás hoy me preocuparía por mi bebe”; pero ayer no… ¿por qué? La fría estadística nos dice que la pérdida de embarazos en las docentes primerizas, cuadriplica la media en la misma franja edad. “No te preocupes… es normal”, le decía el médico a Mónica hace 20 años atrás… ¿era normal? ¿Es normal que en los primeros meses de embarazo (la etapa del llamado “embarazo en riesgo”) una docente santafesina deba cumplir doble turno? Lo que comenzó como una duda se fue ampliando a múltiples dudas: ¿qué lleva a perder un embarazo?, es decir: ¿qué actividades llevan a las docentes a perder a sus bebés? ¿Existen otros problemas que desconozcamos en el ámbito de trabajo docente? ¿Hay ámbitos más propensos a problemas que otros? ¿Acaso no existe un “listado de enfermedades profesionales”? ¿Qué problemas está cubriendo este listado y cuáles no? ¿Por qué las docentes no piden licencias por embarazo?... El Listado de Enfermedades Profesionales (1996) apareció cuando surgió la Secretaría de Riesgos de Trabajo, y sus pequeñas empresas contratantes: las ART (Aseguradoras de Riesgos de Trabajo). Éste sólo reconoce algunos problemas de voz como “enfermedades laborales” que puedan afectar al sector docente. Era nuestra tarea averiguar cómo un problema de voz podía derivar en la pérdida de un embarazo, o más inteligentemente, qué enfermedades estaban afectando a los docentes y no eran reconocidas por el listado. Quisimos buscar el extremo: visitar la más grande escuela urbano-marginal de la ciudad. Lo que no sabíamos era que la escuela 1109, Hipólito Irigoyen, era, además, la escuela más grande de la provincia. Sí, más grande que cualquier escuela céntrica de Santa Fe; más grande aún que cualquier escuela de Rosario.

Escuela 1109, barrio Yapeyú (norte de Santa Fe)

Atravesando la ciudad hacia el norte, más precisamente por Av. Blas Parera al 10000, emerge el barrio Yapeyú. Son poco menos de 10 km. los que lo separan del centro, pero bastan para notar el peso de lo que los “céntricos” llaman “periferia”. La calle principal del barrio está asfaltada, y es la única en esas condiciones. Algunas casitas de medio pelo cubren los costados del asfalto, pero al girar la cabeza en cada boca calle se ve la verdadera cara de Yapeyú. No hay asfalto, ni casitas de medio pelo, ni alumbrado público, ni ningún signo de “civilización primer-mundista”. Más de 1500 chicos del barrio encuentran en la escuela 1109 la única comida del día, el único contacto “civilizadamente correcto” con otra persona; o con un libro; o con una masa sin forma, que entusiastamente convierten en galletitas dulces, gracias a unos simpáticos vasos plásticos que hacen las veces de moldecitos. Centenares de chicos de entre 6 y 13 años (y otros tantos con sobreedad) recorren segundo a segundo pasillos similares a los de los pabellones de las cárceles. Un gran salón de actos colocado estratégicamente en el centro del edificio, hacía las veces de patio techado, aprovechado por los chicos durante los recreos para corretear un rato. “Ya les quedó chico el patio”, nos decía Ana María de la Puente, vicedirectora de la Escuela Especial Nro. 2026 “Jardín de la Esperanza”, y persona a cargo de la supervisión de los grados radiales en las escuelas 1109, 1130 y 19. Detrás del escenario, del lado izquierdo, una puerta de doble hoja dejaba entrever un inmenso salón iluminado por decenas de fluorescentes. Ese era el lugar más concurrido, sin dudas; o al menos al que con más ganas se llegaba. El comedor estaba animado por un centenar de mesas, que no bastaban para todos. “Hubo que empezar a darles de comer por turnos a los chicos, porque esto también quedó chico”. Llegamos a uno de los tres grados radiales (grados de chicos “especiales” dentro de una escuela “común”) que tiene la escuela, y sorpresivamente nos encontramos con que ese era el día elegido para la clase de cocina. “Los problemas de conducta se solucionaron con el Taller de Cocina”, porque a los chicos les encantaba ver como con sus propias manos podían crear algo que les diera placer. “Si están sin hacer ninguna actividad, se matan”. Ana María llegó con una parva de 10 libros, que apoyó en una de las mesas a la cual la invasión de harina, huevo, azúcar y membrillo no había llegado. Antes de que pasaran dos escasos segundos sobre la madera, las blancas hojas se encontraron con una decena de manos que se abalanzaron sobre ellas y las empezaron a recorrer, mirando sus dibujos y todo lo que tenga algún tipo de color que llamara la atención. Sí, a los libros primero los ven los chicos, después las docentes… una hermosa manera de hacer la democracia. A cargo de la supervisión del divertido y espontáneamente anárquico taller de cocina, estaban Andrea Salvatore y Gabriela Martinez. Mientras el horno se calentaba y los chicos se impacientaban, en la escuela pasaba de todo, y nadie se enteraba, o nadie quería enterarse o, lo que es peor, quienes podían dar soluciones no estaban enterados o, lo que es peor que lo peor, quienes podían dar soluciones lo sabían. Pre-infartos, cánceres, stress en dosis familiares, ataques de ansiedad, fobias. “Y… hay una chica que tuvo un ataque de stress que no podía soportar más entrar al aula… ahora está atendiendo la fotocopiadora de la escuela”. Nos decía Andrea, como si estuviera contando por enésima vez algo que ya todos deberían saber (y solucionar, claro, o intentarlo al menos). “Hay una vice-directora que no puede pasar por la puerta de la escuela porque le agarran ataques de fobia…”. Pero ¿por qué pasa esto? ¿Cómo se llega a tales grados de stress y depresión? ¿Cómo es posible que se llegue al punto tal de no poder pasar por el que fue tu lugar de trabajo durante años? “Después de años de trabajar, al ver que tus objetivos no se cumplen… caes en un pozo”; así intentaba respondernos Gabriela, de la manera más honesta y espontánea que podía; y reían juntas: “nosotras todavía estamos sanas, ¿no Anita?”.

La presión del guardapolvo

Salimos de Yapeyú y nos internamos en Av. Gorriti, que atravesaba el norte de la ciudad de Este a Oeste y viceversa. Unas cuadras después llegábamos al Jardín de la Esperanza. “El porcentaje de chicos con síndrome de down ha caído un montón en los últimos años. Ahora el 90% de los chicos de la escuela son “discapacitados por falta de olla”. Resabios de una década nefasta… Allí, el Dr. Alberto Gaspari comenzaría a sacarnos una de nuestras dudas surgidas en nuestro paso por Yapeyú, que para entonces solo necesitaba de una palabra autorizada para quedar firmemente establecida: el número de consultas por problemas psicológicos y psiquiátricos había aumentado considerablemente en los últimos años. Volvimos al centro para entrevistarnos con otra de nuestras fuentes. Diego Preziuso es psicopedagogo y ha estudiado largamente las cuestiones relacionadas con la salud mental dentro del ámbito de trabajo docente. Necesitábamos saber qué estaba pasando, porqué el número de consultas a los psiquiatras había aumentado, porqué se amuchaban más de 150 docentes por día en el Ministerio de Educación para solicitar licencias. Diego Preziuso estudió el Síndrome de Bunrout, enfermedad que, de alguna manera, afecta a las personas que tienen responsabilidades sobre otras. Preziuso basó su estudio, específicamente, en la tarea docente en escuelas urbano-marginales. El estudio dio como cifra resultante que el 46% de los docentes se encuentran en “situación de riesgo”, esto es, cercanos a padecer de síntomas de stress o burnout. ¿Por qué sucede esto? Preziuso nos contaba que el estar inmersos (los docentes) en una situación en la cual influyen negativamente tanto las condiciones como el contexto de trabajo, llevaba a los docentes a sufrir un cansancio constante, un deterioro de su identidad subjetiva, un progresivo desgano en la realización profesional, y finalmente la pérdida de ganas de trabajar y la frustración por la tarea que se realiza (renegar de su profesión).


El testimonio

El Barrio Sargento Cabral esta ubicado a unas 20 cuadras del centro de la ciudad. Es un asentamiento que antiguamente lo ocuparon obreros, comerciantes y ferroviarios, lo que años atrás se denominaba “clase media”. Delimitado por avenidas, su trazado se confunde con las diagonales que le imprimen las vías del ferrocarril Belgrano. Confundidos entre los autos que circulan por la avenida Aristóbulo del Valle llegamos a la casa de Mónica. Mónica Lamas es docente desde hace 24 años. Trabaja en la escuela 1130, “Cooperación Escolar”, donde es docente de uno de sus grados radiales. Cuando nos abre la puerta vemos una persona amable que nos invita a entrar por un pasillo que da al jardín de su casa. Allí quedarán nuestras bicicletas, al resguardo de una perra de rulos y kilos generosos, que nos sale a saludar y mueve su cola al ritmo que su sobrepeso le permite. “…Por una historia impuesta, el docente se cree que es el responsable de llevar adelante todo, y a veces las instituciones no son las personas, porque las personas se sustituyen, todos se pueden enfermar y otro lo tendrá que reemplazar; pero uno se cree que tiene que ser el puntapié de todo, el árbol del que salen todas las ramitas, y a veces no es así. Uno se bancó durante mucho tiempo muchas cosas, pensando que uno no “debía” enfermarse…” así lo afirma Mónica, luego de contarnos que hacía 16 años que no pedía licencia. En los barrios de la denominada periferia santafesina, las realidades son de panes escasos y el gusto a la leche es un remoto recuerdo de tiempos adonde la memoria llega con mucho esfuerzo. En estas realidades están inmersas las llamadas escuelas urbano marginales, en donde el docente se especializó sin escolarizarse en Medicina, Asistencia Social, Abogacia, etc.. “…A lo mejor es distinta la realidad en otras escuelas. A lo mejor en una escuela del centro, donde los chicos tienen cubiertas sus necesidades básicas es distinto. Vos no podés pedirle a un chico que no comió desde el día anterior que te sume o te reste, porque tiene hambre. Lo único que te dice es: “¿a qué hora viene la leche?, ¿ya es la hora de la leche?”, es el único tema porque es lo único que está pensando…”. Sin embargo, el docente se termina dando cuenta de que con su labor no puede contrarrestar todas las falencias y carencias que poseen los educandos en su contexto, como lo explica Mónica, citando a uno de sus alumnos: “…yo si salgo a chorear consigo en una hora lo que mi papá labura todo el mes, y uno no tiene argumentos para poder defender tu postura porque lo que te está diciendo el chico es real. La moral mía no es la misma que la tuya, ni la de los chicos, por eso no podemos generalizar en moralidad y todo lo demás...”, a lo que agrega: “un psicólogo me decía: vos no podés ser más papista que el Papa, no podes cambiarle la realidad porque vos lo tenés 4 horas, las 20 restantes viven una realidad completamente distinta, tus códigos de vida, tus valores no son los mismos que los de los chicos…”. De esta falta de códigos comunes nos hablaba Preziuso, cuando manifestaba que el docente es externo a la comunidad en donde desarrolla su tarea, lo que dificulta aún más su labor. A esta situación se le sumaba, hasta setiembre del año 2004, la obligatoriedad del presentismo. Esta imposición ocasionaba una presión extra en las funciones de los docentes. “Estoy que no puedo más”, ¿y qué hago? Me compro un mío relajante, alguna cosa que me distienda un poco los músculos de la cervical, que no provoquen este dolor de cabeza. Y otra cosa es que te descuenten $80, porque antes por un solo día te descontaban medio presentismo, pero a partir de los dos días, el presentismo entero. Hay muchas jefas de hogar en la docencia. Antes la docente era la que aportaba algo al sueldo familiar, pero ahora hay un montón de gente que son las que mantienen la casa…”. Con la cancelación del presentismo como obligatorio aparecieron situaciones desconocidas hasta el momento “…$80 significaba un aporte importante, y nadie lo quería perder, entonces uno se la iba bancando. Por eso el destape ahora de todas las licencias…” dice Mónica. En la actualidad, diariamente, más de 150 docentes visitan los consultorios del Ministerio de Educación para pedir licencia de los cuales, un alto porcentaje, lo hace por cuestiones psiquiátricas. Este grupo de trabajo intentó entrevistarse con Ana María Slabimen – Directora de Salud Laboral del Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe – para acceder a los números oficiales, pero no tuvo respuesta.

Libertadores frustrados

Nuestro interés primero fue el de encontrar la causa del deterioro de la calidad de vida del docente. Al intentarlo, nos encontramos con la existencia de un corrimiento de la labor del docente, que se fracciona dejando de lado lo pedagógico por otras cuestiones (quizás) más urgentes. Mónica nos decía: “yo te quiero ver con 32 chicos, que uno se te hace pis, el otro caca, a otro le chorrea el moco, el otro tiene piojos y le tenés que hacer la notita a la mamá para que le controle la cabeza... Yo creo que es una exigencia de la sociedad: que el filtro sea la escuela, entonces empezamos a cubrir una cosa y otra…”. Y otra, y otra... ¿hasta cuándo? ¿cuál es el límite del trabajo docente? Y si lo hay: ¿quién es el encargado de ponerlo? ¿la sociedad o la persona? Es así como, desde el punto de vista profesional, el docente se ve frustrado, porque sencillamente su función pedagógica queda relegada ante otras cuestiones. Por otro lado, el docente tiende a naturalizar esta situación (el asistencialismo como parte de sus funciones), y al no poder solucionar los conflictos que sufren sus alumnos se produce la frustración a nivel humano, personal. “Si uno se tomaría el trabajo de anotar las cosas que uno hizo en el día, te darías cuenta porqué te duele la cabeza y los hombros como te duelen… yo creo que hay gran parte de culpa nuestra por no limitar; porque lo nuestro es pedagógico, no asistencial. Pero es como que ya estamos metidos en el tema, entonces: solucioná”. Esta es una de las explicaciones del porqué el docente tiene una carga extra y un desgaste mayor: el docente es quien carga con la crisis en un país en crisis. Cuando fuimos a entrevistarnos con el Dr. Federico Dominguez, en el sanatorio psiquiátrico “La Marced”, nos decía: “Padres desocupados, situaciones que terminan generando ambientes conflictivos, familias disfuncionales, problemas que se evidencian en los chicos… y que los chicos llevan a la escuela y de ese modo los docentes se ven sobreexigidos en su capacidad de formar y educar, se sienten totalmente superados por una realidad para la cual ellos no están formados”. Es el docente quien está expuesto a esa realidad y (como muchos de ellos piensan) quien debe modificarla El malestar a partir del trabajo en barrios marginales se genera por una multiplicidad de factores, pero existe uno fundamental: lidiar contra algo para lo cual no fueron formados los docentes, esto es: cambiar una realidad injusta, o intentar hacerla más “tolerable”. El hecho de que la responsabilidad recaiga sobre los garantes de la educación de nuestras futuras generaciones no es casual: alguien deja que esto sea así y siga siéndolo. Alguien(es) que debería hacerse cargo, generando lazos que permitan soluciones a los problemas más urgentes y dejando que uno de esos problemas, pero solo uno, sea resuelto por los docentes: nuestra educación. Hay algo que nos quedó en la memoria. Fue cuando, al contarnos Mónica sobre su embarazo perdido, le preguntamos porqué no había pedido licencia: “¿Cómo iba a pedir licencia por un embarazo? Si no estaba enferma...”

El caso (Mónica Lamas):
“Yo estaba en los primeros años de casada, y tuve que hacer un reemplazo, así que tenía el reemplazo más el grado radial… tenía doble turno, y como no había medio de transporte que te lleven de una escuela a otra en ese momento, mi marido me llevaba de acá para allá. Y necesitábamos tener un bebé. Llega una época del matrimonio en que decís: “yo quiero tener un bebé”. Quedo embarazada y mientras tanto este trajinar de ir y venir de una escuela a otra, el atender dos cursos… y en una Semana Santa empiezo con pérdidas y aparentemente eran mellizos porque perdí una placenta la noche que me interné porque no daba más, y al día siguiente el médico me mostró que había otra placenta chiquita. Y me dijo: “no te preocupes, esto es normal en las mujeres primerizas, a lo mejor no estaba bien formado”. Pasó un año y yo no me podía volver a embarazar, y el médico me dijo: “me vas a ser una esterilidad psicológica, tenés que superar todo esto porque físicamente estás bárbara, no tenés ningún problema, lo que pasa es que a lo mejor psicológicamente no estás bien”. Y me dijo: “tratá de desenchufarte un poco… andate de vacaciones…”, y nosotros no teníamos un mango porque éramos recién casados, los dos laburábamos por nada, la docencia nunca fue muy bien paga y mi marido trabajaba en la administración pública con una categoría inicial, así que… nada. Nos embalamos con un Fiat 600, que se le veía el aire a las ruedas, a irnos a Colón en carpa… y nos volvimos embarazados de Fernando”.


Agradecemos a todas las personas que nos brindaron su tiempo y sus ganas de contar las experiencias que viven diariamente. Entre ellos a:

Mónica Lamas (Docente de Educación Especial - Escuela de EGB Nro. 1130, “Cooperación Escolar”)
Ana María de la Puente (Docente – Escuela Especial Nro. 2026)
Ana García (Salud Mental – Amsafe Provincial) Sonia Alesso (Secretaria General – Amsafe Provincial) Eduardo Aguirre (Servicio Social – Amsafe Provincial) Diego Presiuzo (Psicopedagogo) Dr. Federico Dominguez. (Psiquiatra - Sanatorio “La Merced”). Dr. Alberto Gaspari (Psiquiatra) Mónica Beatriz Rivero (Docente - Acción Educativa) Andrea Salvatore (Docente de Educación Especial – Escuela de EGB Nro. 1109, “Hipólito Yrigoyen”) Gabriela Martínez (Docente de Educación Especial – Escuela de EGB Nro. 1109, “Hipólito Yrigoyen”)

3 Comments:

At 8:38 p. m., Anonymous Anónimo said...

Excelente Trabajo... felicitaciones!!! - Anita

 
At 7:54 p. m., Anonymous Anónimo said...

narrado por otras personas me parecio increible..FELICITACIONES!!!gracias por todo...Monica

 
At 11:30 a. m., Anonymous Anónimo said...

buenisimo....
esta barbaro este espacio para poder plasmar esas cositas que nos pinchan el alma y poder gritarlas...
felicitaciones coco
romina(coca)

 

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